El mantenimiento del coche eléctrico

Una de las diferencias más notables entre los coches con motores de combustión y los coches con motores eléctricos es su mantenimiento, porque en los vehículos eléctricos el mantenimiento se ve reducido al mínimo. ¿Por qué? Básicamente porque tienen un motor eléctrico que se mueve con la energía eléctrica almacenada en sus baterías, que, como sabemos, se recargan enchufando el coche a la corriente. Su mecánica se ve simplificada al máximo gracias a la tecnología limpia que emplean: no tienen marchas (solamente marcha adelante y marcha atrás), no poseen embrague (solamente hay dos pedales: el del acelerador y el del freno) y muchos de los componentes tradicionales que, cuando llevamos nuestro vehículo al mecánico nos da miedo oír (tipo bujías, correa de distribución, junta de culata, etc.), no forman parte de los coches eléctricos. Esto no quiere decir que los coches eléctricos no tengan ningún tipo de mantenimiento, puesto que cuentan con piezas que también sufren desgaste con el uso diario.

El punto distinguidor: las baterías

Los coches eléctricos están a punto para el uso que queramos hacer de ellos si los cargamos. Esto es una obviedad, pero, del mismo modo que en ocasiones nos olvidamos de cargar nuestros móviles o tabletas, tenemos que poner a cargar el coche eléctrico cuando sea necesario (y cargarlo no es cuestión de minutos). Dicha esta perogrullada, también es evidente que las baterías de los coches eléctricos no nos van a durar toda la vida. Como vimos en un artículo anterior, las baterías van sufriendo un desgaste, se va perdiendo autonomía con el paso del tiempo, pero se espera que su vida dure alrededor de los 10 años, dependiendo del uso y del cuidado que les demos. Gracias a la existencia de las baterías eléctricas, nos ahorramos los repostajes de gasolina o gasóleo que es necesario hacer en los vehículos con motores de combustión. Algunos dueños del Tesla Model S, como Saúl López, que vive en Noruega, indican que han recorrido 70.000 km con unos 1.500 euros consumidos en electricidad (que podrían ser 750 euros con tarifas de discriminación horaria como las que tenemos en España), por lo que, si comparamos el gasto de cargar el vehículo eléctrico con el de repostar el vehículo de combustión, la diferencia es más que destacable y, a la larga, supone un ahorro para nuestros bolsillos

Por otra parte, las baterías del coche eléctrico llevan un líquido que es recomendable cambiar cada cierto número de kilómetros del vehículo. Se trata de un líquido refrigerante cuya función es, por un lado, evitar un exceso de calentamiento por exposición en horas de carga y, por otro, mantener las condiciones óptimas de temperatura. En el caso del Tesla Model S, este líquido de refrigeración de las baterías se cambia por primera vez a los 80.000 km y su precio está incluido en el precio de la revisión (se dice que los Tesla no tienen mantenimiento, pero hay ciertos componentes que es necesario revisar y reemplazar recorridos un cierto número de kilómetros: las revisiones programadas que se pueden considerar obligatorias son la de los 40.000 km y la de los 80.000 km; el precio de las revisiones de los Tesla Model S ronda los 500 euros).

Mantenimiento y revisiones

Uno de los puntos que es igual en los coches eléctricos y en los vehículos con motores de combustión es el líquido de frenos. Este líquido se debe cambiar cada cierto número de kilómetros dependiendo de la marca. Así, en el Tesla Model S se cambia este líquido tanto a los 2 años o 40.000 km como a los 80.000 km o los 4 años del vehículo, lo que antes suceda.

Asimismo, el filtro del habitáculo debe cambiarse cada cierto tiempo, exactamente igual que con los coches con motores térmicos. Si seguimos con el ejemplo del Tesla Model S, deberemos cambiar este filtro por primera vez con 40.000 km y después con 80.000 km.

Otros componentes que sufren un desgaste similar al de los motores de combustión son las escobillas del limpiaparabrisas, las bombillas de los faros, las pastillas de freno y los discos de freno. El recambio de estos componentes vendrá marcado en la hoja de inspección de nuestro vehículo y su sustitución se incluirá en el precio de la revisión marcada por el fabricante.

Fuera de estos componentes queda el desgaste que sufren los neumáticos. Las ruedas del vehículo eléctrico habrá que cambiarlas también, como sucede con los coches de gasolina y gasóleo, y podremos estirar su vida más o menos dependiendo del uso que les demos: por ejemplo, si abusamos de esa aceleración de 0 a 100 km/h que tienen los vehículos eléctricos, el desgaste de los neumáticos será mucho mayor y habrá que cambiarlos antes.

Menos desgaste que los coches tradicionales

En definitiva, como vemos, el coche eléctrico sufre un menor desgaste que el coche movido por motores de gasolina o gasóleo. Obviamente, los vehículos eléctricos tienen una serie de componentes, compartidos con los coches tradicionales, que deben revisarse cada cierto número de kilómetros o pasados ciertos años y que deberán reemplazarse para un uso adecuado y seguro del vehículo. El precio de las revisiones varía siempre dependiendo del fabricante, pero, como hemos podido observar, no se trata de las revisiones a las que estamos acostumbrados cuando llevamos coches de gasolina o gasóleo a las revisiones periódicas establecidas por los fabricantes.