¿Motor eléctrico o motor de combustión?

Quizás esta pregunta sea la que se está haciendo cualquier potencial comprador de un vehículo nuevo. La reflexión parte de una premisa muy sencilla pero que tiene consecuencias no solamente personales sino que afectan a toda la sociedad. La diferencia más evidente entre el motor eléctrico y el motor de combustión es, obviamente, el sistema de propulsión que permite el movimiento del vehículo: podemos optar, por lo tanto, entre dos polos completamente opuestos: una solución es el motor de combustión y la otra es el motor eléctrico. Veamos las características de cada uno de ellos.

Motor de combustión

Los motores de combustión son los que nos vienen a la mente cuando pensamos en un vehículo: los camiones, los coches, los barcos y aviones se mueven hoy en día, de manera habitual, gracias al empleo de los denominados combustibles fósiles, principalmente la gasolina y el gasóleo o diésel. Tanto la gasolina como el gasóleo tienen su origen en el petróleo, una mezcla de compuestos orgánicos animales y vegetales que se forma en el interior de la Tierra y al que se accede a través de la perforación de la superficie terrestre. En la actualidad es la fuente de energía más utilizada; pensemos que con el petróleo no movemos únicamente los medios de transporte que empleamos habitualmente, sino que también es la materia que se usa para hacer, por ejemplo, el plástico.



El motor de combustión consigue el movimiento de un vehículo gracias a la presencia de un combustible (el petróleo) que arde dentro de una cámara específica y que libera energía química que se transforma en energía mecánica. Si tenemos que definirlo a través de un calificativo que nos permita diferenciarlo claramente del motor eléctrico diremos que es un motor que hace uso de una energía no renovable. Para entender de una manera sencilla por qué el petróleo es contaminante y no renovable solamente tenemos que recordar los casos en los que un barco vierte petróleo al mar; cuando el conocido barco Prestige vertió crudo sobre las costas de Galicia se calificó ese vertido de petróleo como “desastre medioambiental” porque el petróleo forma una masa que no se limpia fácilmente ya que no se disuelve en el agua. Además de ser pegajosa y adherirse a la piel de los animales impidiéndoles una correcta respiración, libera sustancias tóxicas, por lo que los motores por combustión emiten mucho dióxido de carbono y es la acumulación de esta sustancia en la atmósfera la que provoca el temido cambio climático.

Motor eléctrico

Los motores eléctricos son los que hoy en día podemos categorizar como innovadores, los que forman parte de las últimas tendencias en los avances tecnológicos de la automoción. En realidad, estos motores ya existían desde 1880, pero es la actual tecnología la que está favoreciendo que se produzcan coches eléctricos con baterías de larga duración, que permiten una autonomía cada vez mayor, y que se estén comercializando a un precio cada vez más accesible (pensemos en el precio del tesla model 3, el nuevo eléctrico de Tesla Motors). Los vehículos con motores eléctricos se mueven gracias al empleo de baterías o, si pensamos en transportes como el tranvía, mediante fuentes de energía presentes en los rieles.

El motor eléctrico entra en movimiento gracias a la transformación de la energía eléctrica en energía mecánica y en los vehículos eléctricos la propulsión proviene de la energía que proporcionan y almacenan las baterías recargables. Para que el vehículo eléctrico funcione, solamente tenemos que cargar las baterías, enchufando el coche a una toma de corriente, del mismo modo que cargamos una afeitadora, una tableta o un cepillo de dientes eléctrico.

¿Cómo podemos calificar entonces los vehículos eléctricos frente a los que cuentan con un motor de combustión? Los automóviles eléctricos son los que se mueven con energías renovables y de ahí que se denominen “vehículos verdes”, porque reducen las emisiones de gases contaminantes de efecto invernadero. Son motores mucho más silenciosos que los motores de combustión, por lo que reducen también la contaminación acústica. A efectos del cuidado del planeta, debemos tener en cuenta que las baterías deben cambiarse con el tiempo y que deberán reciclarse en puntos adaptados (¿o es que sigues tirando las pilas a un contenedor no habilitado?).

¿Hacia el cambio climático o hacia la reducción de gases efecto invernadero?

Llegados a este punto, indaguemos un poco más en lo que supone a corto plazo cada uno de estos tipos de motor y en qué nos pueden dar a largo plazo.

Si pensamos en comprarnos un vehículo por el desembolso económico que hacemos en el momento de la compra, la decisión es rápida: compraremos un automóvil de motor de combustión porque, hoy en día, son los más asequibles. Cuestión bien diferente es qué nos sale más barato a la larga, si un coche de gasolina/gasóleo o un coche eléctrico, pero este punto merece un post aparte.

Si, por el contrario, pensamos en qué nos aporta cada uno de estos vehículos a largo plazo, tendremos que poner sobre la mesa varios argumentos entre los que, en mi opinión, figuran los siguientes:

Mantenimiento anual del vehículo eléctrico

¿Requiere el mismo mantenimiento un vehículo eléctrico que uno movido por gasolina o diésel? Evidentemente, no: ¿qué hay de los cambios de aceite o del líquido de embrague, por ejemplo, en los motores eléctricos?

Desgaste del coche eléctrico

Es obvio que hay unos gastos comunes en los dos tipos de vehículos que tienen que ver con el desgaste; pensemos, por ejemplo, en los neumáticos, que deberán cambiarse con la misma frecuencia en los dos tipos de vehículos, pero el hecho de que el motor eléctrico se ciña a una simple batería reduce sobremanera otros desgastes del vehículo que serán habituales en los vehículos con motores de combustión, como la temida correa de distribución o las bujías, por mencionar alguno.

Impacto personal del vehículo eléctrico

Aquí deberíamos reflexionar sobre dos aspectos: por un lado, las ayudas y subvenciones para la compra de vehículos en mi país y, por otro lado, las facilidades para mantener mi vehículo a punto en su uso diario (si, por ejemplo, no tenemos un espacio en el que cargar un vehículo eléctrico, no deberíamos optar por esta compra).

Impacto medioambiental del coche eléctrico

Una vez leídas las líneas anteriores, en este punto optaremos por un motor eléctrico.

 

En definitiva, a los futuros compradores que vayan a adquirir un vehículo en los próximos años, les pediría que reflexionaran sobre la compra que van a hacer. Son muchos los factores que entran en juego en la adquisición de un vehículo y que no hemos mencionado, tales como el diseño, el uso diario que se le da al coche (no es lo mismo conducir en ciudad que en carretera), el tamaño (no vamos a cambiar de plaza de garaje también si es que ya contamos con una en propiedad…), el precio, los usuarios habituales de ese vehículo y un largo etcétera, pero nuestra intención con este artículo es que el factor medioambiental sea uno más a tener en cuenta en esta decisión.